Cuarenta años de la autovía del Cantábrico

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Faltan por construir 130 kilómetros, sobre todo en Asturias y Galicia, que no estarán antes de 2011.
La carretera necesita todavía una inversión de 390 millones y acumula 84,2 de sobrecostes.

Van a hacer falta casi cuatro décadas para ver concluida la autovía del Cantábrico, el gran eje de conexión viario de las comunidades del Norte. Hace ya 35 años que se estrenaron los primeros tramos, la actual autopista A-8 entre Bilbao e Irún-Behobia, pero aún faltan por ejecutar más de un centenar de kilómetros -sobre todo, en Asturias y en Galicia- para que sea posible circular desde la frontera francesa hasta Baamonde (Lugo) sin necesidad de cambiar de carretera, siempre con doble carril y a velocidad de autovía.

En el Principado, PP e IU reclaman con insistencia un calendario definitivo para la infraestructura, el caballo de batalla de los Gobiernos regional y central, tras los sucesivos aplazamientos en los dos tramos más conflictivos: el Unquera-Llanes, en el ala oriental, y Otur-Villapedre, en la occidental.

En total, en la región hay cinco tramos pendientes: los dos subtramos que componen el trazado de la zona oriental (el Unquera-Pendueles y el Pendueles-Llanes) y tres más del brazo occidental (Otur-Villapedre, el que conecta Navia y Tapia de Casariego y el que discurre entre Las Dueñas y Muros de Nalón).

Con el País Vasco en una posición privilegiada, en la vecina Cantabria también hay otro tramo pendiente de conclusión, entre Solares y Torrelavega (unos 28 kilómetros). Galicia es, con diferencia, la más retrasada.

El legado de la ministra

En Asturias, el baile de saltos en el calendario ha sido constante: de hablar de la finalización de la obra a finales de este año se pasó a situarla en 2011, fecha fijada en los contratos de las empresas que van a ejecutar los dos tramos de la discordia, aunque tampoco es seguro, como dejó entrever la anterior ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, en algunas de sus últimas declaraciones al frente de la cartera de infraestructuras.

En este baile han influido, sobre todo, los modificados de los proyectos iniciales de cada uno de los diez tramos que separan Muros de Nalón y Ribadeo. Pero además de los retrasos, las variaciones sobre los planos originales han provocado el encarecimiento de la obra, que ya acumula 84,2 millones de euros de sobrecoste.

Este incremento de las inversiones previstas ha dejado en el Occidente uno de los tramos más caros del país: la variante de Navia. De los 70,5 millones de euros en los que fue adjudicada, precisó una inversión total cercana a los 94 millones.

El último tramo inaugurado en el Principado, el pasado abril, fue el que conecta Las Dueñas con Novellana, que hace el número 20 de los 25 proyectados en Asturias y que sumó 7,1 kilómetros al trazado occidental de la vía.
«Una vez que se pasa Santander, en dirección a Asturias, hay varios tramos en los que hay que salir y entrar a la autovía. Una auténtica lata», afirma Luis López, un joven del Occidente asturiano que trabaja ahora en Bilbao. «Van abriendo kilómetros poco a poco, pero desde que recorro este corredor en coche recuerdo que siempre ha estado en obras», apunta.

En el Principado, desde 2004, se han puesto en funcionamiento trece tramos de la A-8, lo que supone el 75% del recorrido total. De los cinco que restan para completar el puzzle, cuatro están ya en ejecución, mientras que el quinto en discordia (Otur-Villapedre) está adjudicado y en unos meses las máquinas empezarán a trabajar.

El Ministerio de Fomento se ha comprometido a finalizar el corredor antes de 2012, lo que significa que muy pocos ejes troncales de la red viaria española habrán tardado tantos años en completarse.
En estas tres décadas largas, la autovía del Cantábrico ha sido un «eje vertebrador» de las comunidades del Norte, un «elemento esencial para su integración socioeconómica y territorial», como la califica de modo recurrente el presidente del Ejecutivo regional, Vicente Álvarez Areces. Y en su día fue además la segunda vía de pago que se inauguró en España (en el tramo Bilbao-San Sebastián).

A pesar de estos hitos, aún faltan por completar 130 de los 603 kilómetros que separan Irún de Baamonde, pequeña localidad gallega donde muere la A-8 al enlazar con la A-6, la carretera de La Coruña. Y es que, tras el reciente estreno de la autovía en la misma frontera astur-galaica, la A-8 es todavía una trinchera en más de la mitad de su trazado por la comunidad gallega, concretamente en 51 de los 85 kilómetros.

El Ministerio de Fomento, con el gallego José Blanco como titular, parece tener entre sus planes el impulso de esta carretera, pero, por mucho que trate de acelerarse, no se terminará hasta 2011.
La inversión que se necesita para completar la conexión tampoco es baladí: se cifra en unos 890 millones de euros, la friolera de 150.000 millones de las antiguas pesetas, para construir los 130 kilómetros restantes.

La complicada orografía de la zona, que requiere obras de ingeniería como el puente de Los Santos, de 612 metros de longitud sobre la ría donde desemboca el Eo, eleva el coste por kilómetro a casi 7 millones de euros. Aún así, es un precio sensiblemente inferior a lo que cuesta cubrir la misma distancia con una línea de alta velocidad ferroviaria.
De Francia a Portugal
Cuando por fin esté concluida, la A-8 va a ser la conexión de referencia entre las comunidades norteñas durante décadas y va a sustituir en este cometido a la N-634 (San Sebastián-Santiago de Compostela), la vía que aún hoy se utiliza en aquellos tramos donde no se ha terminado la nueva carretera de gran capacidad.

Se trata de evitar de una vez por todas los interminables atascos de la inclemente N-634, de tener la posibilidad de viajar desde Asturias a la frontera con Portugal y Francia por autovía.

Fuente de la noticia: elcomerciodigital.com

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